UNA PASADITA....A LA PASADA.....
Qué duda cabe: asistimos a un profundo deterioro de la actividad política. Las continuas y reiteradas deserciones de los partidos son sólo un síntoma de una enfermedad mucho más profunda, que afecta a nuestra convivencia pública desde hace ya varios años. En efecto, se trata de un fenómeno transversal que, aunque más notorio en el caso del oficialismo, terminará por contaminar al sistema en su conjunto.
¿Qué hubo ayer detrás de las decisiones de Flores, Schaulsohn, Zaldívar y Navarro; u hoy de Ominami, Trivelli, Muñoz Barra y el alcalde Plaza? Aunque cada caso es diferente y, por lo mismo, cualquier generalización podría resultar un tanto injusta, hay ciertas señales que se repiten en forma constante. Asistimos a un proceso de privatización de la actividad política, en la que los protagonistas se aproximan al espacio público, en especial cuando se trata de cargos de representación popular, como si tuvieran una suerte de derecho adquirido. No es extraño entonces que los partidos, las reglas del juego y, en definitiva, la institucionalidad política que nos hemos dado valgan poco o nada cuando se distribuyen los espacios de poder.
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