domingo, 29 de marzo de 2009

Tiraje Político....
(Publicado en Reportajes de La Tercera, 22 de marzo de 2009 )

No hay tiraje de la chimenea en la política chilena. La gran mayoría de los parlamentarios lleva varios períodos en el cargo, los nombres que controlan los partidos varían poco y nada y los dos candidatos presidenciales con mayores posibilidades debutaron conjuntamente en el Senado hace ya 20 años.
Los tímidos atisbos de cambio generacional al interior de los partidos han sido fracasos rotundos. Primero fue la UDI, donde los conocidos de siempre arrasaron con una opción algo más joven, luego la Democracia Cristiana, donde los alcaldes jóvenes que tanto prometían para liderar la modernización del partido fueron derrotados sin compasión en la última elección interna. Poco importa que las directivas de los partidos no tengan contrapesos para manejar las elecciones internas para beneficio propio.
Más de alguien ha argumentado que el problema no está en quienes detentan el poder en los partidos, sino que en la falta de audacia de las generaciones más jóvenes. El poder no se recibe en bandeja según esta tesis, el poder hay que tomárselo. La audacia, sin embargo, depende del entorno institucional en que uno se desenvuelve. Dado el sistema binominal, formar nuevos partidos es una opción sin futuro. Y, comprensiblemente, participar en operaciones kamikaze no es particularmente atractivo. Es así como es cada vez más frecuente que los pocos parlamentarios que no repostulan al Congreso sean los mejores. El caso de la nueva vocera del gobierno es sólo uno de varios ejemplos.
Es natural preguntarse si la elección presidencial de fin de año contribuirá a la renovación que tanta falta hace en la política chilena. La respuesta es afirmativa, aunque desarrollos recientes agregan un elemento un tanto inesperado y con un dejo de ironía.
En efecto, es probable que una derrota en la elección presidencial deslegitime a la dirigencia de la coalición perdedora, dando paso a un recambio generacional. La pregunta es, ¿cuál coalición será la derrotada?
Hasta hace poco todo parecía indicar que Piñera sería el próximo Presidente, por lo cual el recambio generacional vendría por el lado de la Concertación. Andrés Allamand acuñó el término de "desalojo" para graficar la imagen de una Concertación que se encuentra apernada al poder y está dispuesta a hacer todo lo que sea necesario para mantener sus privilegios. Más allá de las imágenes un tanto violentas que muchos chilenos asociamos al concepto de "desalojo", es innegable que el concepto pegó y que más de un líder concertacionista se ha hecho cargo de confirmar las presunciones del senador de la Alianza.
En los partidos de la Concertación escasea la mística y es cada vez más cierto que las mejores políticas de los gobiernos concertacionistas provienen del Ejecutivo, muchas veces a contrapelo de los designios de los partidos. El ejemplo más reciente, pero no el único, es la política fiscal responsable del actual gobierno, clave para navegar los mares tormentosos que se avecinan, la cual contó con la férrea oposición de todos los partidos de la coalición gobernante.
Hay un segundo escenario, sin embargo, que ha ido tomando vuelo en semanas recientes. En este escenario Eduardo Frei gana la elección presidencial y la derecha pierde por quinta vez consecutiva. La perseverancia a toda prueba del senador democratacristiano, y el contraste que observará el electorado entre como Chile y el resto del mundo enfrentan la crisis mundial puede jugar a favor del ex presidente. Si a esto se agrega una oposición a la cual le cuesta cada día más disimular que está dispuesta a prácticamente todo para llegar al poder, incluyendo errores evidentes como criticar que se regale computadores a los mejores alumnos de escasos recursos o hacer propuestas de estímulos fiscales poco originales e incompletas, no sería para nada sorprendente que Piñera se quede con los crespos hechos.
Luego de la elección presidencial de fin de año tendremos toda una generación de políticos que será desalojada del poder. Puede ser que Allamand tenga la razón y la Concertación sea derrotada, abriendo paso al primer gobierno de derecha democráticamente elegido en más de medio siglo. En tal caso los partidos concertacionistas entrarán en recriminaciones y crisis, emergiendo una nueva generación de líderes de ese sector. Pero también puede ser, y me atrevo a afirmar que ambos escenarios son igualmente probables, que Sebastián Piñera pierda la presidencial y una generación de recambio que nada tuvo que ver con la dictadura acceda al poder en la derecha. De ser así, Allamand emprenderá una segunda travesía por el desierto, esta vez, sin embargo, sin la posibilidad de llegar a la tierra prometida.
Eduardo Engel.-
Economista Chileno, Profesor Universidad de Yale y Universidad de Chile.
¿Por sus Obras os Conocereis....?
(José Ramón Valente)


Qué puede ser más importante para el futuro de nuestro país que dar una educación de calidad a nuestros niños y jóvenes? Por chocante que le parezca, la respuesta de los gobiernos de la Concertación a esta pregunta es no pelearse con el Colegio de Profesores.
Esta semana supimos del rechazo por parte de un grupo de parlamentarios socialistas de un articulo de la nueva ley de educación que permitiría que profesionales sin título de educador hicieran clases a alumnos de enseñanza media en asignaturas afines a su especialidad.
No es extraño que este artículo no haya contado con el respaldo unánime de la Concertación. Durante años se ha discutido, sin éxito, la posibilidad de modificar el Estatuto Docente como requisito necesario para mejorar la calidad de la educación en Chile. Consistentemente, el gobierno y los parlamentarios oficialistas han evadido su responsabilidad de realizar cambios a dicho estatuto, truncando la posibilidad de varias generaciones de chilenos de acceder a una educación de una calidad acorde a los requerimientos del mundo que les ha tocado vivir.
Nos sentimos orgullosos de los rankings internacionales que nos ubican entre los países con mejor manejo macroeconómico, pero no parece avergonzarnos tanto el que Chile figure consistentemente en los últimos lugares en los rankings de calidad de la educación. Sacamos pecho frente a EEUU y Europa por el manejo de nuestras finanzas públicas y escondemos la cabeza debajo de la tierra cuando nos damos cuenta que los países que nos acompañan en el ranking de calidad de educación son Túnez, Marruecos y Filipinas.
Hay numerosa evidencia respecto a que un buen profesor puede aumentar significativamente los conocimientos de sus alumnos. La diferencia es de una magnitud tal que incluso puede eliminar la brecha entre alumnos nacidos en familias de distintos estratos socioeconómicos (Eric A Hanushek and Steven Rivkin). Es decir, la madre de todas las desigualdades podría ser eliminada o reducida significativamente mejorando la calidad de los profesores, y esto no sólo no es una prioridad del gobierno, sino que este le resta apoyo a una iniciativa ya consensuada con la oposición que aporta un granito de arena en la dirección correcta.
Los estudios internacionales también indican que la forma de mejorar la calidad de los profesores en las escuelas públicas no pasa por establecer requisitos curriculares tales como tener un título de maestro o un posgrado en educación. De acuerdo a dichos estudios, la forma de mejorar la calidad de los profesores es evaluar directamente su desempeño en relación al aprendizaje de los alumnos que estos tienen a su cargo y otorgar autonomía a los directores de los colegios para contratar y despedir a sus profesores. Ninguna de estas cosas ha sido posible de implementar en Chile por las rigideces del Estatuto Docente y por las amenazas del Colegio de Profesores.
Chile tiene hoy un ingreso per cápita desproporcionadamente alto comparado con el nivel educacional de sus jóvenes. Esto se ha logrado gracias a la adopción un sistema económico que otorga libertad a las personas para crear y emprender. Lamentablemente, para seguir incrementando el bienestar de los chilenos es imprescindible darles a nuestros jóvenes acceso a una educación de mayor calidad que la que les entregamos actualmente. Estamos hipotecando el futuro de nuestros hijos por el miedo del gobierno a enfrentar a un grupo muy minoritario de chilenos que quiere mantener sus privilegios y su monopolio sobre la educación. Qué vacía suena toda la retórica sobre la justicia social cuando constatamos que unos cuantos votos son suficientes para inhibir a nuestras autoridades para hacer lo correcto y dar un paso gigantesco en pos de la igualdad de oportunidades para todos los chilenos.
José Ramón Valente
Director ejecutivo de Econsult

domingo, 22 de marzo de 2009

UN CANCILLER A DESTIEMPO Y UN FUNERAL VIKINGO
(Artículo de Ascanio Cavallo)


Foxley fue un canciller en el momento equivocado. Así y todo, fue un buen canciller, a pesar de verse limitado por los mensajes de La Moneda que le recordaron durante tres años que la política exterior es facultad exclusiva de la Presidenta. En cuanto a Vidal, ni el más ingenuo de los observadores podría ignorar que lo suyo fue un funeral vikingo.

Alejandro Foxley libró algunas de sus batallas más apasionadas contra la Cancillería a comienzos de los 90, cuando estimaba que la parsimonia de la diplomacia amenazaba con arnzinar la gran oportunidad de convertir la reinserción internacional de Chile en instrumentos eficaces de desarrollo, como los tratados de libre comercio.

Los grandes TLC se fraguaron y firmaron durante los gobiernos de Aylwin y Frei, y en el de Lagos Chile logró el récord como el país con más tratados del mundo. Por vocación, Foxley debió ser el canciller en alguno de esos momentos estelares, y es posible que un cierto atavismo de aquellos tiempos le hiciera aceptar el Ministerio de Relaciones Exteriores cuando se lo ofreció la Presidenta Michelle Bachelet.

Pero los tiempos ya eran otros. Los TLC que restaban eran pocos y más bien disímiles: desde uno notable por su singularísima complejidad, como el de Japón, hasta otro que de gesto amistoso ha derivado en incordio, como el de Perú, enrumbado a parecer más un imbunche que un tratado fluido.

Foxley fue canciller en el momento equivocado. Así y todo, fue un buen canciller, a pesar de verse limitado por los mensajes de La Moneda que por tres años han recordado, más en privado que en público, que la conducción de la política exterior es una facultad exclusiva de la Jefatura del Estado.

El jueves, tras conocerse su salida del gabinete, hizo un esfuerzo por ganar la batalla de la interpretación, sosteniendo que se equivocaría quien leyese su renuncia como algo más que un deseo personal. Pensaba, probablemente, en Perú, donde en efecto hubo quienes sostuvieron que era defenestrado por sus dichos sobre el debate del TLC; o en Cuba, donde terminó siendo la cabeza fría y firme dentro de un viaje devenido pesadillesco; o en Argentina, con su gusto por el complot, o incluso en la oposición local, con su traje de combate de ano electoral.

Y es verdad que esas interpretaciones sobrepasan la naturaleza personal de su renuncia, sus ganas de dedicarse a otras cosas, menos frenéticas y quizás más sustanciales.

Pero ningún canciller deja su puesto si se siente a gusto. Foxley no lo estaba pasando bien. Excluido del comité político, a cargo de un ministerio conspirativo y laberíntico, con escasos instrumentos de gestión para las tareas invisibles y ninguno para las cosas más visibles, el canciller notaba que el cargo que deseó en los 90 se había licuado en el circuito personal de la Presidenta.

Tampoco debe haberlo pasado bien este fin de semana, cuando su renuncia se vio bruscamente asociada a otros dos cambios ministeriales, como si se tratara de una remodelación del gabinete y no de un acto individual.

Sobre todo, porque uno de esos cambios -el desplazamiento de Francisco Vidal desde la voceria hasta Defensa- se convirtió en la principal sorpresa política del episodio.

Con el estoicismo que ya es su marca, Vidal se declaró "feliz" con su traslado; pero ni el más ingenuo de los observadores podría ignorar que el suyo ha sido un funeral vikingo, una inmolación ejecutada con honores para quien era, hasta el jueves, una de las figuras protagónicas del gobierno. La misericordia de un disparo en defensa propia.

Se ha dicho que el estilo de Vidal era un tanto disonante con el de la Presidenta y que sus excesos verbales podrían resultar inconvenientes en un momento en que el país está asustado. Esto, que puede ser cierto, ignora la inteligencia intuitiva de Vidal, que percibió, en la todavía vigente demora de la Concertación por definir su carta presidencial, un vacío en la esfera pública que seria llenado por la oposición. Durante todo el verano, Vidal ocupó ferozmente ese vacío, con sus despiadados ataques a Karla Rubilar o sus respuestas sobre Chaitén, sus recuerdos de Pinochet o sus invectivas contra Sebastián Piñera.

La salida de Vidal revela dos cosas. La primera es un debate en el gobierno y en la Concertación acerca de cuál es el "tono estratégico" del 2009. Unos opinan que la vehemencia -del tipo Vidal- sería necesaria para contener y minar al candidato opositor; otros, que ese estilo terminaría por dañar a La Moneda y, por lo tanto, las posibilidades de su candidato. Esta segunda línea, encabezada por los ministros Edmundo Pérez Yoma y José Antonio Viera-Gallo, parece haber triunfado por sobre el juego de la lealtad personal que por mucho tiempo desplegó con destreza el ministro Vidal.

La segunda es una decisión algo más sutil. Al sustituir a su elemento más combativo por una figura como Carolina Tohá, La Moneda indica un reordenamiento de sus prioridades, en el que la situación dominante la ocupará la protección de la popularidad de la Presidenta, con una discreta retirada de la primera línea de la contienda electoral. La prioridad segunda será la de ganar las elecciones de este año, pero a través de figuras y métodos menos estridentes que los que Vidal personificaba.

Las dos cosas suponen un giro delicado, aunque importante, en la conducción del gobierno para los próximos 12 meses. Gruesamente: si La Moneda ve que su candidato no prende, se distanciará cada vez más, defendiendo su primera prioridad. Si, por el contrario, las posibilidades del candidato aumentan, desplegará sus recursos para fortalecerlo.

El último significado de esto es que, a pesar de tener la apariencia de un último cambio, los ministros actuales no están asegurados hasta que no se vea con claridad cómo evoluciona la lucha electoral.

domingo, 8 de marzo de 2009

Lemas de las marcas:
Las ventajas e historias de esas frasecitas pegajosas

Paris acaba de cambiar su eslogan por uno más cercano a sus consumidores: "Te quiero así". Se trata de frases minuciosamente escogidas que pueden llegar a hacer historia como el "Just do it" de Nike o el "Think small" de Volkswagen.Pablo Tirado HenríquezEl impacto de una frase publicitaria a veces es tan grande, que puede cambiar la historia. Sucedió en 1959, cuando Bill Bernbach puso en las revistas una página casi vacía y en un extremo un pequeño escarabajo acompañado de la frase "Think small" o "piensa en pequeño" para Volkswagen. La campaña y la frase tuvieron tanto éxito, que obligaron a los fabricantes de autos en Estados Unidos a producir autos pequeños, cambiando para siempre la historia de esta industria.En Chile, una de las que ha hecho noticia en materia de lemas es Paris. Hace unos días la multitienda dejó de lado su tradicional "Como a ti te gusta" para dar paso al nuevo "Te quiero así". El cambio no se debió a una mala evaluación de la frase antigua, sino que a un deseo de evolucionar.Más que de eslogan o lema, en Paris hablan de claim, que es el beneficio que se le atribuye a un producto o servicio a la hora de realizar su publicidad. En otras palabras, se le habla directamente al consumidor con la intención de generar un vínculo.El nuevo claim de la multitienda fue construido en base al valor de la empatía y busca acercarse a los consumidores dejando de lado la belleza prototípica y potenciando la honestidad.En esa misma parada publicitaria están, en Chile, Chilevisión con la frase "Tu mirada" y Movistar con "Por ti somos más".Identidad ante todoUn lema es mucho más que una frase publicitaria. Se trata de un conjunto de palabras minuciosamente elegidas para identificar plenamente el espíritu y el momento por el que atraviesa la marca, así como también identificarse con los consumidores.Generalmente existen dos tipos: los que evolucionan de acuerdo con las tendencias sociales y los que corresponden a una marca tan importante que es capaz de crear un mundo a su alrededor. "Ambos pueden ser igual de exitosos si logran conectarse con el público", dice Eugenio García, ideólogo de la campaña del No.No existen métodos científicos para medir el éxito de un lema, pero se usan testeos y encuestas para determinar la cercanía y la credibilidad de las marcas. "Es muy importante que la marca reconozca lo que pasa en la vida de sus consumidores", dice Simón Subercaseaux, director creativo de BBDO.Según expertos, las marcas que mejor logrados tiene sus lemas son las asociadas a tecnología. En ese rubro se mueven como pez en el agua Sony y su "Like no other"; Philips y su "Sense and simplicity", y Panasonic, cuyo lema dice: "Ideas for life". La creatividad en estas marcas se debe básicamente a que venden productos tan parecidos, y la vez tan caros, que necesitan diferenciarse ante los ojos del consumidor.En el lado opuesto se encuentran las empresas de retail, que tienen una estrategia de lemas basadas en los precios bajos. Pero hay excepciones.Rafael Garay, vicerrector de comunicaciones de la Universidad Central, destaca a Lider. Si bien el supermercado utilizó por mucho tiempo el lema los "Precios más bajos siempre" -el mismo de Wal-Mart en Estados Unidos-, ahora cambió a "Una pequeña ayuda siempre". Según Garay, es positivo que, aunque la marca siga con la idea de ahorro, ahora lo haga de una manera distinta.Los lemas no siempre resultan como los creativos quieren. Hace un tiempo, bajo el símbolo de Canal 13 estaba la frase: ¡Está bueno el 13! Todo bien, hasta que la estación empezó a tener problemas de audiencia y fue criticada por distintos flancos.Aunque nunca se confirmó oficialmente que ésa fuera la razón del cambio, en 2005 debutó la actual imagen anaranjada del canal, acompañada de un nuevo eslogan: "Nos vemos en el 13".Molestias de ese tipo son las que llevan a algunas marcas a no utilizar lemas. Falabella, por ejemplo, lleva años sin usar su "Contigo toda la vida", y según cercanos a la multitienda, lleva años también buscando infructuosamente un nuevo lema que acompañe a su gran F verde.Ideas a la canchaEl deporte y los lemas forman una mezcla difícil de igualar. El mítico "Just do it" que Nike lanzó en 1988 es prueba de ello. La frase ocupó el segundo lugar entre los 10 mejores eslóganes del siglo XX en el ranking elaborado por la revista Advertising Age -el primer puesto fue para "Diamonds are forever" del gigante de la joyería De Beers-, transformándose en todo un ícono de la cultura pop.Tan exitosa es la frase, que ha simplificado al máximo la manera en la que la compañía se promociona: no hace falta más que ver la imagen de un deportista acompañada del "Just do it" para entender el mensaje.Aunque todavía plasmado en la memoria de muchos, el eslogan de Nike ha cedido protagonismo al "Imposible is nothing" de Adidas, que en Chile se hizo realidad para muchos cuando los tenistas Fernando González y Nicolás Massú ganaron las medallas de oro y bronce en Atenas 2004.Lavín, Obama y el cambioResulta difícil imaginar una elección sin un lema. ¿Habría sido lo mismo la campaña del No sin que se escuchara "Chile, la alegría ya viene", o la presidencial de 1999 sin la ya mítica frase "Viva el cambio". Detrás de la primera estuvo, entre otros, Eugenio García, mientras que el ideólogo de Lavín fue el empresario Carlos Alberto Délano.Por estos días, la dura campaña presidencial demócrata en Estados Unidos también destaca por sus lemas. Mientras los esquivos votos han obligado a que la senadora por Nueva York cambie nuevamente el suyo por "Hillary for President", Barack Obama sigue firme con "Change we can believe in", algo así como "El cambio en el que podemos creer".
¿El Baile de las Predicciones....?
(Articulo de Rafaél Garay P. Vicerector de Comunicaciones Universidad Central, Economista, Candidado a Doctor en Economía de la Universidad de Lleida y Profesor del Magister en Conunicación Estratégica y Negocios de la Universidad del Desarrollo)

Con períodos tan convulsionados en materia económica, todos tendemos a perdernos en medio de cifras, indicadores, proyecciones, etc. Vienen los ajustes al alza, ajustes a la baja y todo tipo de modificaciones a las proyecciones iniciales, con el objetivo de hacerlas lo más certeras posibles.
Para ser sincero, imagino que al igual que la mayoría de mis colegas y analistas, todos hacemos el mejor esfuerzo con nuestros modelos matemáticos, para tratar de estimar qué podría pasar en términos de crecimiento, inflación, tasas de interés y otras variables. No es menos cierto, que muchos de nuestros modelos econométricos, que mostraron gran eficacia en el pasado, pierden poder predictivo frente a la alta volatilidad e incertidumbre que reina en todos los mercardos del mundo actualmente.
En los últimos días, sin embargo, me he sentido un poco acongojado y quiero compartirlo. Si miramos declaraciones hechas por analistas nacionales y extranjeros y por diferentes personalidades del mundo económico, empresarial, político y ... hasta de la farándula, surgen varias interrogantes para todos (me incluyo):
1.- ¿Estamos o no en recesión?
2.- ¿Estamos o no en deflación?
3.- ¿Creceremos el año 2009?
Trataré de dar mi visión de la manera más técnica e imparcial posible, utilizando datos disponibles al 27 de enero del año 2009 (última vez que "corrí" mi modelo predictivo) y considerando algunos elementos presentes en las recientes cifras de IMACEC, IPC y datos de la SOFOFA, para dar una respuesta a las tres interrogantes.
1.- ¿Estamos o no en recesión?
R: De acuerdo con los datos actuales, Chile NO está en recesión porque no se ha cumplido la regla de llevar dos trimestres consecutivos con contracción económica. En este sentido me permito discrepar de los analistas de JP Morgan, que utilizan otras metodologías y que han sido incapaces de predecir eventos de importancia en su propia economía. En esta oportunidad estoy con el Ministro Velasco y considero relevante mantener la metodología para que la información sea comparable. No se trata de "tapar el sol con un dedo", sino de mantener consistencia en las mediciones.
2.- ¿Estamos o no en deflación?
R: Nuevamente, considerando las cifras recientes -y a pesar de varios meses con IPC negativo- Chile NO está en un período deflacionario. Es importante entender que la deflación es incluso más peligrosa que la inflación, ya que socaba las bases productivas y quita liquidez al mercado.
3.- ¿Creceremos el año 2009?
R: Mis estimaciones dicen que sí. A pesar de que las estimaciones del Banco Central aparecen como muy optimistas, en noviembre del 2008 estimé que Chile tendría un crecimiento del 2,1% para éste 2009. Si bien las condiciones se han deteriorado mucho, mi modelo sigue proyectando un crecimiento en torno al 1,2%.
Como ven, las proyecciones no son fáciles. Quienes las hacemos no recibimos nada a cambio, si son acertadas no pasa nada, si son erradas -como toda estimación, incluso la más simple, puede ser- tenemos que recibir los "palos". Sin embargo, es necesario entender que la idea de una predicción es intentar adelantarse a los hechos y orientar el accionar público y privado, en relación a las expectativas que se generan.
Es por esto último que me atrevo a pedir algo a todos los que leen mis columnas o escuchan mis comentarios. NO instalemos palabras como recesión o deflación en el lenguaje nacional. De hacerlo, se podría traducir en la profecía autocumplida más dolorosa. Una que trae aparejada el drama del desempleo, de la incertidumbre y del sufrimiento nacional.